lunes, 17 de junio de 2013

Me la van a dejar morir

Ahora sí. Han sido muchos años viviendo al filo, pero ahora parece que sí que ha llegado el momento definitivo de decirte adios.

Si nada lo remedia, la Unión Deportiva Salamanca está viviendo sus últimas horas de vida. Mañana no será aprobado el convenio de acreedores y empezar la liquidación del club. Mi club. 90 años de historia, y de historias que acaban en este junio de 2013.

Me pongo a escribir y realmente no se por qué camino hacerlo. No se si recordar los buenos momentos. No se si es mejor recordar los malos. Quizás debería lanzar un último grito de auxilio. O, por qué no, empezar a decir verdades como puños sobre ciertos personajes. No, esto último no, al menos tengo la decencia y la educación que les falta a otros para cumplir su palabra.

La Unión siempre ha estado ahí para mí. El primer recuerdo que tengo curiosamente es el ascenso de Albacete, del que no me enteré lo más mínimo por mi edad. Sólo recuerdo enterarme por mi hermano de que el Salamanca había subido a primera. Por aquel entonces yo casi ni sabía lo que era el Salamanca, ni la primera ni nada. De aquella temporada en primera poco recuerdo, la verdad.



Sí recuerdo con más claridad el siguiente ascenso, el de Vitoria. Creo recordar ver el partido ante el Badajoz en la televisión una tarde en la discoteca. Recuerdo seguir la temporada y alegrarme del ascenso, aunque no podía yo considerarme unionista todavía. Recuerdo algo más, aunque todavía no con demasiado detalle, las dos temporadas en primera, la goleada al Valencia, aquel gol de Leo Ramos al Depor, lo del Atleti, la noche de reyes al Barça. En definitiva, las cosas más significaticas. Desde la distancia, desde la radio, la tele, el periódico, iba creciendo en mí algo que yo todavía no sabía que se llamaba UNIONISMO.

Llegó la debacle del año de García Remón. Y esa sí que la recuerdo bien. Esa tarde escuchando la radio con la cara iluminada pensando que, después de todo, se estaban dando los resultados necesarios para lograr el ascenso. Pero no fue así. Volví a ilusionarme, y empecé a hacerlo cada verano, con un ascenso a primera que nunca volvió a llegar. Lo reconozco, después de dos o tres chascos a mi unionismo creciente le llegó el desencanto y me prohibí volverme a ilusionar.

En esos años, sin embargo, conseguí pisar el Helmántico alguna que otra vez (benditos juegos escolares) y, aunque fuera con el freno echado, nunca dejé de ser ni de sentirme de la Unión. Llegó el decenso a segunda b y yo me hice universitario, lo que me permitió, el vivir en Salamanca, acudir a algún partido más. Era en segunda b,sí, pero para una vez que podía ir a ver a mi equipo no iba a desperdiciar la ocasión. No falté, por supuesto, en aquel partido ante la Gramanet ni el día del Sevilla Atlético, el primer, único, y por lo visto último día que viví una celebración de mi equipo. Aquella semana de junio tuve que irme hasta Salamanca, luego andando a las 4 de la tarde hasta el Helmántico a pleno sol y después hacer cola bastante rato con la incertidumbre de que no se alargara demasiado para no perder el autobus de vuelta, pero mereció la pena irme de allí con dos entradas para aquel UDS-Sevilla Atlético.

Ya en segunda, el año de JIM, tuve por fin la suerte de hacer algo que siempre había querido y que llevé, y llevaré, con el mayor de los orgullos: me convertí en abonado de la UDS. Ni una granizada tremenda y las calles inundadas hicieron que me perdiera mi primer partido ante el Granada 74. Mi unionismo ya era fuerte, pero estar ahí cada partido y sentir que soy parte de verdad de ese equipo es algo... espectacular. Tmabién estuve aquel año en la plaza una tarde de abril defendiendo lo mio.


Repetí al año siguiente, y volví a soñar con un ascenso a primera. Muy atrás había quedado ya aquello de no volver a ilusionarme. Un Erasmus me dejó sin el tercer año de socio, pero cuando pude estuve en el campo, coincidiendo además con el efecto D'Alessandro. El final de temporada me pilló en Italia, y desde allí fui feliz sabiendo que Kike López materializó el buen trabajo del pibe en el banquillo.

Otra vez socio. Nuevo equipo, nuevas ilusiones, otro comienzo de temporada esperanzador. Estuve en Valladolid, en Sevilla viendocomo nos robaban en el último minuto. Allí vi también por la televisión como remontábamos al Elche, me enteré de que ganábamos en Vallecas y de que la salvación era posible. Tuve la oportunidad de irme, yo solo, a Barcelona a la penúltima batalla por la permanencia. Lamentablemente fue la última. Allí acabó, pero saliendo del Miniestadi me sentí más orgulloso que nunca de mí, de haberme cruzado España para apoyar a mi equipo aunque lo acabara viendo arrastrarse y siendo ninguneado por unos jovencillos.

Y estos dos años en segunda b de nuevo, el primero viviéndolo desde la lejanía y este segundo como he podido. Viendo como el club ha ido cada día a peor hasta llegar a lo que parece que se va a confirmar mañana. Al menos pude estar en el último partido, aunque me hubiera gustado despedirme de mi equipo sabiendo que era el final, la verdad.

Falta muchas sensaciones y la descripción de muchos momentos vividos, pero es que son indescriptibles. Esto que he contado aquí es mi historia con la Unión, sólo una pequeña parte de los 90 años de vida de un club. Se podrán cargar el futuro, otros 90 años que estarían por venir, pero estos 90 vividos ya nadie podrá disfrutarlos. Igual que nadie me podrá quitar a mí todos los momentos, alegrías, penas, sonrisas, llantos, goles, paradas, penaltis, fueras de juego, faltas, expulsiones, regates, "uyyyyys", palmas, cánticos, bufandeos, etc. que he vivido.

Hoy, ya que es tu última noche y que no me van a dejar disfrutarte más, me gustaría soñar, Unión, como tu blanquinegra camiseta vuelve a dar lecciones de fútbol.

Resiste, vieja!!

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