domingo, 3 de junio de 2012

¿Principe o patito feo?

 
La cena era a la luz de las velas, en un ambiente tan íntimo que llegaba a la inadecuación. Ella llegó primero, tan solo por tres minutos, tres que se hicieron eternos con la mirada dirigiéndose una y otra vez a la puerta esperando a su principe azul. O quizás a un patito feo, no estaba claro todavía.

Él llegó y se sentó en frente de ella con naturalidad. Era la primera vez que estaban cara a cara. Las impresiones que pasaban por sus mentes eran tan variopintas y cambiantes que a su lado una montaña rusa hubiera sido un paseo.

La cena fue agradable, demasiado quizás. Buena comida, buena atención e inmejorable compañia. Compartieron un delicioso postre de chocolate blanco y se marcharon, no sin antes dejar una abundante propina.

Un café y una copa en otro local cercano sellaron una noche que había resultado esperanzadora. Después, él la llevó a su casa, y cuando se estaban despidiendo dijo:

- Perdona, tengo que confesarte una cosa.
- Dime.- Contestó ella temiéndose lo peor una vez más.
- Antes de que acabe esta noche tienes que saberlo. No te lo he dicho hasta ahora porque quería que me conocieras antes.
- Venga, sueltalo, no me asustes.
- Allá va: ¡soy un patito feo! - Confesó él.
- ¡Vaya! Tengo que reconocerte que no me sorprende, nada más verte aparecer por la puerta lo supe.
- ¿Sí?
- Sí, pero no te preocupes. Lo primero que pensé fue "lo voy a convertir en mi príncipe, merece la pena".
- Me gusta la idea.
- Pero no, al final he decidido que sigas siendo un patito feo, pero mi patito feo, creo que me merece más la pena.


Automáticamente después, él se convirtió en un príncipe, pero ella nunca lo supo porque a sus ojos seguia siendo el mismo patito feo con el que comenzó la noche.

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