viernes, 6 de enero de 2012

Un cuento de Reyes

Había una vez una pequeña ciudad en un país llamado España. Esa ciudad tenía por nombre Salamanca y su belleza era de un nivel espectacular.
En el año 1923 ocurrió en esa ciudad, Salamanca, algo sin demasiada importancia en ese momento: la creación de un club de fútbol. Ese club, pasados unos años, pasaría a llamarse Unión Deportiva Salamanca.

Desde entonces, el club fue dando a sus aficionados momentos de alegría y de penas, pero siempre desde la humildad y el trabajo. Corría ya el año 1997 cuando una buena temporada le había llevado a disputar la liga de la Primera División. Sabiendose un club modesto, competía de tu a tu contra el resto de equipos, con menos estrellas y menos millones de presupuesto, pero siempre con la ilusión de brindar a su gente grandes tardes de fútbol.

Ocurrió esa temporada, ya en 2008, que uno de los equipos más importantes llegaba a casa del Salamanca, el Estadio Helmántico, para jugar un partido de liga. Concretamente era el Barcelona, líder de la liga, con grandes estrellas en su equipo. El día marcado para ese encuentro fue el lunes 5 de enero, en la noche de Reyes.

Y así fue como todos los unionistas recibieron el mayor regalo de reyes jamás recordado.

El Barcelona, como era lógico, se adelantó en el marcador, señalando pronto la teórica diferencia entre ambos equipos. Antes de llegar al descanso, el peruano Zegarra marcó para el Salamanca ante el éxtasis de la grada. Sucede normalmente a los equipos "pequeños" que cuando enfurecen de esa manera a un "grande" lo acaban pagando y su alegría no dura mucho.
Y así fue. Las estrellas culés reaccionaron y marcaron dos goles para poner el marcador en 1-3. Pocos, o seguramente nadie, se imaginaban lo que iba a suceder cuando a pocos minutos para el final el resultado seuía favorable a los visitantes.

Lo que ocurrió es que, en su ruta, a los Reyes magos les tocaba visitar Salamanca. Se colaron en el Helmántico, saltaron al cesped, se enfundaron la camiseta de César Brito y empataron el partido ante la incredulidad de los azulgranas y el delirio de la afición charra. ¿Qué más podía pasar?

Pues que no contentos con eso, los Reyes tocaron con su magia a un delantero argentino, Silvani, a 3 minutos del final. Un disparo de Couto al larguero que acojonaba a todo el estadio, una contra perfecta, un taconcito mágico y un certero disparo de Silvani que supera a Hesp.

4-3 y todo el éxtasis y el delirio anteriores con los goles de Zegarra y César Brito se quedaron en nada comparados con lo que en ese instante allí se vivió. Cualquier calificativo se queda corto.

Y allí, aquella noche y de esa manera, un equipo humilde pero con cojones y garra, remontaron un partido a uno plagado de calidad y figuras.

Hoy, tristemente, de aquello queda poco más que el recuerdo. Los Pauleta, Giovanella, Taira, César Brito, Edu Alonso, Silvani, Rogerio, Lanna y compañía, y todo lo que ellos consiguieron tiene muy poco que ver con la realidad. Al menos queda magia, queda Zegarra, autor del primer gol aquella noche, en el banquillo dirigiendo a un equipo a la deriva, una pequeña esperanza para pensar en revivir momentos así más pronto que tarde.
Al menos nos queda también la cara y la sonrisa de tontos que se nos queda a quienes cada año, cada 5 de enero, volvemos a ver aquellas imágenes y a revivir aquel regalo de Reyes.

HALA UNIÓN!!!


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